Principios


Principios y Valores

La Francmasonería liberal tiende a reunir hombres y mujeres en busca de más sabiduría, fraternidad y, consecuentemente filosofía entorno a sus ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Heredera de la Ilustración y de la Declaración de los Derechos Humanos, orgullosa de su papel relevante en el éxito progresivo de sus ideales sociales y humanistas a lo largo de los siglos XIX y XX, rica en experiencia humana y filosófica, la Francmasonería sigue caminando en busca de más tolerancia, menos dogmatismos y más justicia social.

La Francmasonería evoluciona con el mundo, deseosa de formar hombres y mujeres que participen de los grandes debates actuales aportando su visión de un mundo adogmático, fraternal, tolerante y cada día más libre tanto en sus actuaciones como en sus modos de pensar.

Filosófica, filantrópica y progresista, la Francmasonería expone un mensaje humanista y ético que, más allá de lo religioso y político, intenta unir las inteligencias y corazones por encima de cualquier dogma, y en base a valores ambivalentes: rigor y rectitud, lucidez y búsqueda de la verdad, ciencia y conocimiento. Frente a los desafíos del siglo XXI, la Francmasonería ofrece un marco insustituible para sintetizar los últimos conocimientos de la ciencia, para actualizar permanentemente su reflexión y proponer una aspiración al respeto de esos valores universales y eternos que son propios de las inquietudes humanas.

Libertad

Primera palabra del lema masónico. Para la Francmasonería, la libertad y su corolario, el libre albedrío, son la expresión de una necesidad intrínseca y de una exigencia permanente y absoluta, producto directo del método simbólico propuesto por la Francmasonería a sus miembros. La libertad masónica está basada sobre una moral y una ética del comportamiento humano a las cuales cualquier hombre o mujer libre se puede adherir sin renunciar a nada: la adhesión no es un reclutamiento, no exige ninguna obligación contraria a sus ideales, no perjudica a la libertad de ninguno, respeta su independencia, sus convicciones, su libre albedrío. Los métodos de trabajo de la masonería, la serenidad de sus reuniones, sus tradiciones y ritos libremente aceptados, sus símbolos libremente interpretados, la total libertad de expresión en la tolerancia y fraternidad, el proceso iniciático de perfeccionamiento y emancipación de los individuos para hacerse masones libres en logias libres, todo eso permite sentirse en la francmasonería hombre y mujer plenamente libres y, como tal, capaces de aceptar y no sufrir la disciplina y el ritual masónico.

El sentido de libertad, siendo masónico por ontología propia, condiciona por eso mismo un verdadero humanismo masónico, que obliga a los masones a una triple responsabilidad:

Personal por el ejercicio necesario de su pleno libre albedrío, combinando conciencia y razón con un solo objetivo: “sed vosotros mismos, llegad a ser vuestra libertad”

Ética ya que la francmasonería tiene la capacidad única de integrar libertad religiosa y libertad de conciencia en una reflexión intelectual en busca de la verdad personal propia de cada persona

Ontológica al considerar la libertad como el componente mismo de la condición humana, y el ejercicio de la libertad como una experiencia irrefutable de la vida humana.

Igualdad

Igualdad: idea sencilla y valor masónico por esencia, la iconografía revolucionaria representando a la Igualdad con un nivel en la mano, garante del enderezamiento de los muros, y el triángulo, símbolo de armonía y equilibrio.

Palabra ambigua porque tiene múltiples connotaciones que distorsionan su significado y entorpecen su desarrollo. De manera que la Igualdad es siempre un combate en contra de los egoísmos, de las ideas dominantes, de los dogmas, de las ideologías. “Dejar de pelear equivale a dejar el poder y la revuelta en manos de los monstruos” solía decir el antiguo presidente de la Liga Francesa de los Derechos Humanos.

Punto central de la primera Declaración de los Derechos Humanos, la Igualdad es ante todo la igualdad de derechos y deberes frente a la ley, corazón del combate de los masones en los siglos XIX y XX a favor de la democracia, y del respeto de los derechos individuales en términos de valor moral y de dignidad. La igualdad es una forma de la universalidad pregonada por la francmasonería, en el pleno reconocimiento y aceptación de las diferencias: los hombres son iguales en derechos, pero diversos frente a la sociedad, a la vida y hasta a sus valores subjetivos.

Por eso mismo, la igualdad está siempre bajo la amenaza del igualitarismo. Montesquieu al sentenciar “cuando el espíritu igualitario domina el sentido de igualdad, y que cada uno quiere ser el igual de los elegidos para mandar” significaba que frente al igualitarismo el espíritu democrático se pierde, y llegan la mentira totalitaria y las sociedades grises donde se condenan las diferencias, desviaciones, disidencias, o sencillamente las ideas novedosas.

Asimismo, la declaración de independencia de los EE.UU. comienza así:

“We hold these truths to be self-evident, That all men are created equal, that they are endowed by their creator with certain unalienable rights; that among these are life, liberty and the pursuit of happiness”

“Mantenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas, que todos los hombres son creados iguales, que están dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Fraternidad

Fraternidad, virtud improbable y de cierto modo ingenua, pero valor consubstancial de la libertad e igualdad, ya que solo puede haber fraternidad entre hombres libres e iguales.

Fraternidad, ideal lejano de una república universal, intuición heredada de nuestra base cultural cristiana pero pensada en términos laicos, desde ahora principio político indiscutible y  parte integrante de la razón democrática. Valor secularizado que sustenta la justicia y suscita la responsabilidad individual.

Pero no olvidemos que para que haya fraternidad humana es preciso que haya personas: la predicación ingenua del amor, los dogmas monogenistas anunciados desde hace milenios son incapaces de crear el corazón. Un solo método es eficaz: despertar al hombre que duerme en cada uno de nosotros, enseñarle a buscarse, a encontrarse, a realizarse: “conócete a ti mismo” es una receta milenaria pero siempre de plena actualidad, es la receta predicada y aplicada por la francmasonería. El primer paso de ésta es aprender a amar en si lo que es si mismo: eliminar las mentiras relacionadas a su raza, su tiempo, su clase, su religión, todas esas locuras y odios colectivos, esos valores ridículos que causan tantos conflictos. Construirse es el punto inicial, ya que como crear fraternidad cuando el hombre ni siquiera está esbozado. Solo el camino del hombre despertado a sí mismo conduce a la fraternidad porque el hombre despertado es capaz de esbozar el hermano de todos. Ningún camino conduce a la fraternidad, sino el camino del hombre despertado a sí mismo y como tal capaz de esbozar el hermano de todos.

A la vez hecho e ideal, la fraternidad es una experiencia que ninguna educación, ninguna formación, ninguna política, ningún estado puede asumir plenamente. De aquí la nostalgia que acompaña esa noción.