Otros Ritos


El Rito Francés o Rito Moderno

La mayoría de las Logias del Gran Oriente Ibérico practican el Rito Francés o Moderno que detallamos a continuación. Una Logia practica el REAA (Rito Escocés Antiguo Aceptado).

I – Características del rito Francés o Moderno

El rito francés  se característica por su rigor y sencillez, dejando lugar a lo esencial, pero a lo esencial que viene de la inteligencia y de nuestro corazón. No pretende tener la autoridad de un libro sagrado al mismo tiempo que no pretende imponer una historicidad o unas creencias específicas. El rito francés indica un camino, un camino libremente aceptado que codifica las relaciones tanto dentro de las Logias como de la Orden,  que facilita la libertad de expresión y de pensamiento, y que garantiza la igualdad de tratamiento de cada uno según su grado y nivel de conocimiento. Que sea claro: el rito francés es un camino, no una forma de pensar, y seguir su ritual de ningún modo puede eximir de la reflexión personal.

Este punto es importante al subrayar que el rito francés, al privilegiar las ideas sobre las formas, pone de relieve esos valores que son el corazón de su enseñanza, a saber el respeto a las diferencias, la total libertad de conciencia y el gusto para el trabajo personal y el estudio. El rito francés no es dogmático y se quiere asequible a todos esos que son abiertos a si mismo y a los otros. De manera que anima y empuja a todos los hermanos y hermanas a construir sus opiniones personales, expresarlas y vivirlas en conformidad con su coherencia personal. Por la fecha de su redacción inicial, el rito francés esta impregnado con la filosofía prerrevolucionaria, es decir que pregona la igualdad (simbolizada por la espada entregada en esos tiempos a cada HH y, hoy en día simbolizada por la banda), la responsabilidad personal, el ideal de libertad y el trabajo y estudio.

Trabajo y estudio que no pretenden acumular conocimientos estériles o inútiles, sino propiciar el despertar y las miradas desde puntos de vista ignorados o menospreciados hasta la fecha El rito francés preserva la tradición iniciática,respondiendo para quien lo desee a una demanda de espiritualidad sin dogma, de búsqueda ahora y siempre. Pero sin pretender enseñar una doctrina cualquiera, sino la práctica de un método que favorece el despertar del espíritu: librarse de todo dogma religioso, político u obediencial, sin rechazar nunca una búsqueda, un avance o una creencia si son sinceras.

A diferencia de muchos otros ritos masónicos, el Rito Francés o Moderno ignora:

El pensamiento religioso al no contener nada ni de sagrado, ni oración, ni ningún acto este carácter religioso. No es antirreligioso sino sencillamente a-religioso, respetando plenamente la libertad de creencias de cada uno.

El pensamiento esotérico, porque considera que cualquier pensamiento esotérico va en contra del universalismo de la francmasonería.

El pensamiento místico, al poner el hombre en el centro de sus preocupaciones, sin nada místico ni de divino: se apoya en la idea de un proyecto de construcción personal.

El pensamiento mágico y/o ocultista, descartando por principio esas aberraciones (teúrgia, alquimia, magia) y demás elementos irracionales que florecieron en el siglo XVIII.

II – Un poco de historia

Rito Francés, denominado también Rito Moderno o Rito de Fundación: La original falta de distinción entre el hecho histórico y lo legendario plasmada en los primeros documentos masónicos ha permanecido vigente para muchos francmasones a pesar del paso de los siglos, aunque lo realmente sorprendente, es la resistencia, el rechazo y la reacción de sectores que se dicen en “busca de la verdad” pero atrincherados en la obscuridad de lo intangible e irracional. Gran parte de esta “culpa” la tuvo sin duda el propio Anderson al intentar “legitimar” la nueva estructura obediencial en las Constituciones de 1723 con una Historia de la Francmasonería que se remonta desde Adán hasta dicha fecha de principios del Siglo XVIII.

La Francmasonería, nuestra francmasonería,  es una Orden iniciática tradicional y simbólica que tan solo es una heredera indirecta de aquellos constructores de catedrales. La Francmasonería contemporánea nace a finales del siglo XVII y principios del XVIII alrededor de la Royal Society en un país que salió de horribles guerras de religiones entrecatólicos y anglicanos. Estos hombres de ciencias e ilustrados que no quieren renunciar a sus aspiraciones espirituales, se inspiran en los ritos y símbolos de estos constructores de catedrales de quienes no son herederos directos, creando una francmasonería especulativa moderna fundamentada en unos mitos importados a tal efecto.

Sea como fuere lo que resulta incuestionable es cómo el soporte vehicular era y debe ser simple y sencillo. Un uso simbólico- alegórico claro que finalmente debe mostrar un mensaje cercano y simple. Un contenido que haga estimular en el hombre sus potencialidades, apreciar su libertad así como el uso de la misma, encontrar esa felicidad en la búsqueda autocrítica a las respuestas perennes compartidas con un sentido de pertenencia e interacción universal y despertar su responsabilidad hacia un conjunto-la humanidad- liberada de todo tipo de imposición irracional, dogmática, tiránica.

Hablando de “nuestra masonería”, de la que en realidad somos descendientes, admiramos su metodología que pretende unir lo disperso y liberarse del yugo discriminatorio, dando entrada a todo ser humano, al margen de su religión. Ese espíritu universal y ecuménico fue el detonante de la idea de Désaguliers y su entorno, un sentido amplio que puede dar cabida a todo ser humano con unos principios ético-morales fundamentales, haciendo que se mantenga al abrigo de las fuerzas de tensión generadas por la diversidad religiosa, siempre fuente de confrontaciones, así como de los disensos de tipo político fuera de la Logia. Al respecto, resulta curioso comprobar como esa contención en la opinión política y religiosa, queda regulada en los deberes del Francmasón en el apartado dedicado a la conducta cuando la Logia está cerrada estando aún reunidos los Hermanos, lo cual no explicita la imposibilidad de tratar de estos temas en Logia abierta siguiendo el Orden ritualmente establecido y coherente con los compromisos adquiridos como miembros de la Orden en cuanto a tolerancia, respeto y amor.

La francmasonería tal y como hoy la entendemos procede de la Gran Logia de Londres y de todo el entorno que dio lugar a su génesis, muy a pesar de otras tesis fantasiosas y sin fundamento histórico y masonológico.

Sin duda alguna la masonería inglesa que elaboró los Antiguos Deberes desde 1390 fue una corporación profesional cristiana de tipo religioso. Primero católica hasta devenir anglicana en 1534. El contenido esencialmente bíblico de esta masonería operativa así lo atestigua. No obstante, con el paso de los siglos la masonería sufrió diversas metamorfosis que, diversificando su identidad primitiva, terminaron por hacer de esta antigua corporación profesional cristiana una expresión moderna de la tradición del eclecticismo.

Hacia 1637 la masonería escocesa, de confesión calvinista, elaboró el rito del Mason Word que contribuyó a transformar la antigua masonería operativa en masonería especulativa.

En 1723 Désaguliers y Anderson presentan como base moral de la Orden la religión natural que deviene en ese entorno especulativo puerta consecuente al pensamiento filosófico abierto y diversas formas de deísmo e incluso ateísmo teórico, y por supuesto del librepensamiento en las logias. La penetración sucesiva de estos diversos puntos de vista en masonería, además de explicar la génesis del eclecticismo, debe invitarnos a reflexionar sobre las consecuencias y la coexistencia pacífica de dichos diversos puntos de vista en el seno de la misma Orden masónica.

El rito calvinista del Mot de Maçon, creado hacia 1628/1637 por los masones escoceses de Kilwinning para reemplazar el rito de los Antiguos deberes operativos de la edad media y del Renacimiento, fue anglicanizado y catolizado antes de ser transmutado por la Gran Logia de Londres de 1717 en rito filosófico universal. Y aquí radica la auténtica grandeza de este principio ecuménico que, como en pocas formas rituales, el Rito Francés ha sido fiel a pesar del paso del tiempo y de la historia.

En su expresión natural, la francmasonería, consecuente y heredera de este planteamiento ilustrado, tiende y debe tender a esa universalidad no exclusiva, no restringida a criterios de orden interno particular, religiosos, formales o discriminatorios, desde el respeto y la tolerancia, uniendo desde la diversidad donde el nexo común es la práctica y desarrollo de la virtud. Hacer prevalecer el bien sobre el mal.

Tras la estela de los emigrantes británicos, nacen las primeras logias de este tipo en Francia, creadas y dirigidas normalmente por nobles exiliados políticos y religiosos venidos de Londres, Estuardistas en buen número. Estos masones llevan en sus equipajes rituales en uso particularmente en la Gran Logia de Londres y Westminster, creada en 1717. El mismo tipo de filiación “Moderna” sería el referido para Bélgica, país con logias constituidas desde 1721.

Las logias creadas en Francia fueron hijas de la Gran Logia de Londres, por lo tanto una masonería antigua calificada como del tipo “Moderno” por sus detractores autodenominados “Antiguos”. Toda una paradoja en el uso de los calificativos.

El cristianismo de tipo confesional y religioso se retoma en Francia en 1735 cuando traduciendo los “Deberes de un Francmasón” inseridos por Désaguliers en las Constituciones de 1723 el abad Moret, gran secretario de la Gran Logia en Francia, cristianizó el texto de Désaguliers, cuya versión fechada en 1737 sirvió de constitución a las primeras logias de Suecia convertidas posteriormente en Logias confesionales. Este acto en dicho contexto geográfico obedecía sin duda alguna a la realidad histórico- social que tenía los días contados.

No puede por lo tanto mostrar contradicción ninguna cuando el rito de los Modernos retoma durante la Ilustración continental que desemboca en el “Régulateur du Maçon” su forma base propuesta por Désaguliers, a través de exigir el simple deber la práctica espontanea de la ley moral universal inscrita en el corazón de todo ser humano y en toda época. Esta actitud personal no incluye, sin excluirla tampoco, la institución de comunidades como las Iglesias. Pero la comunidad no deviene un grupo social instituido por las iglesias, sino por comunidades naturales ya sea, la familia, los amigos, el Estado no confesional (laico) y a partir de ahí toda la humanidad.

El Estado laico no está privado de valores éticos o espirituales. Este estado laico liberal es inevitablemente consecuencia del pluralismo confesional, lugar de mestizaje cultural y en particular de valores religiosos.

La humanidad constituye una comunidad, una unidad que no puede existir sin el respeto práctico de la ética, del amor al prójimo.

El Rito de los denominados en el futuro “Modernos” se traduce al francés y es practicado por la casi totalidad de las logias que se crean en el reino y no parecen tener nombre. A partir de este rito, en Lyon y en Alsacia, se van a elaborar importantes contribuciones judías, crísticas, y caballerescas –y neo- templarias y el Régimen Rectificado.

La aparición de otros sistemas masónicos, casi siempre ” escoceses “, donde el nombre para nada tiene real relación con su verdadero lugar de origen, hace que la voluntad del Gran Oriente de Francia se plantee el hecho de organizar y controlar la francmasonería francesa, y el deseo de numerosas logias de tener una versión universal de los rituales, son la causa de la fijación de un rito ” Moderno ” normalizado entre 1783-1786 que más tarde será denominado como  “Francés”. En el seno del Gran Oriente de Francia, para los grados azules, y en el seno del Gran Capítulo General de Francia fundado en 1784 para los Altos Grados (posteriormente vinculado a dicha Obediencia en 1786), algunos hermanos, en particular, Alexandre-Louis Roëttiers de Montaleau, fueron quienes llevaron a cabo este trabajo.

En 1785, se fija como tal el modelo francés. A los tres grados simbólicos de espíritu “Moderno”, se añaden cuatro órdenes superiores: Elegido Secreto, Gran Elegido Escocés, Caballero de Oriente y Soberano Príncipe Rosa- Cruz. En 1786 el Gran Oriente de Francia propone un texto de referencia para los tres grados azules, difundido en forma de copias manuscritas. El objetivo de la utilización del término “Francés” en realidad consiste en distinguirse de los distintos sistemas llamados “escoceses”, muy a menudo elaborados o sintetizados en Francia, pero que raramente vienen o proceden de los usos masónicos de Escocia.

Pasada la última Revolución, en 1801, el Gran Oriente fija este trabajo de normalización ritual haciéndolo imprimir con el título de “Régulateur du Maçon” inspirado en los distintos usos rituales Modernos.

En el siglo XIX, Rito Moderno se convierte en el equivalente de Rito Francés. Por ello Vuillaume emplea los dos términos, ya que se aplica tanto a los tres primeros grados como a los cuatro órdenes superiores, pero uno u otro término es históricamente cuestionable cuando designa el conjunto.

Este término de Rito Francés va a imponerse mientras que el de Rito Moderno va cayendo en desuso en el último tercio del siglo XIX . Tengamos en cuenta no obastante, que en Bélgica, los problemas lingüísticos y nacionales no impusieron el adjetivo “Francés”, y se utilizó siempre el calificativo de “Moderno”. En cualquier caso, durante todo el siglo XIX la diferenciación entre Régimen Francés y el Escocista va a ir creciendo.

En 1858, se publica una nueva redacción del Rito Francés denominado de Murat, que fue Gran Maestre. “Ideológicamente”, el texto apenas si es diferente del Régulateur. El nuevo modelo sigue definiendo la masonería de manera “clásica”.

Después el Convento de 1877 sus resoluciones conducen a retoques más intrépidos y es cuando en 1879, el Gran Colegio de Ritos encargado por el Consejo de la Orden del Gran Oriente de Francia hace desaparecer de los rituales las fórmulas abiertamente religiosas, como es la referencia al Gran Arquitecto del Universo.

En 1886, una comisión de 12 miembros, presidida por el abogado Louis Amiable (1837-1897), procede a una nueva revisión. El nuevo ritual francés, tomará el nombre de su principal redactor, y se acompaña de un “informe sobre los nuevos rituales para las logias” redactado por el mismo Amiable. Esto explica que el nuevo texto, en parte inspirado en los rituales del Gran Oriente de de Bélgica, se refieran en gran parte al positivismo. Su filosofía general es la de “neutralidad entre las distintas creencias” y el hecho de que ” los datos evidentes proporcionados por el estado actual de la ciencia debían ser aprovechadas”.

Durante este medio siglo, los cuatro órdenes superiores cayeron en desuso. El ritual Amiable, un tanto modificado en 1907 bajo la autoridad del Gran Comendador Juan-Bautista Blatin, permanecerá en estas condiciones hasta 1938, fecha en la que la iniciativa de Arthur Groussier, entonces Grande Maestro del GOdF adopta un nuevo modelo del Rito Francés. La nueva versión es una tentativa de intentar una vuelta a las fuentes simbólicas del sistema francés, y no una nueva molienda aún más ultra positivista.

En 1955, se difunde la versión definitiva del ritual Groussier, ligeramente arreglada en la forma y bajo la autoridad de Paul Chevalier, es imprimido y difundido.

En el largo trabajo de reconstrucción de las obediencias en la posguerra, los masones eruditos volvieron a las investigaciones iniciáticas o simbólicas deseando encontrar o revivificar las potencialidades de la tradición masónica francesa del siglo XVlII, hereditario de los Modernos.

Sea cual sea su forma ritual utilizada, el Rito Francés se impone, hoy como mañana, como una expresión ordenada y completa de los valores masónicos “permanentes”: la búsqueda de la verdad, la perfectibilidad para aquella persona que desee progresar, la liberación para permitir el avance, el hombre comprometido como eslabón en la cadena social.